sábado, 3 de agosto de 2013

Características de la Araucanización al Oriente de los Andes (1985)

Revista Cultura, Hombre, Sociedad (CUHSO) de la Universidad Católica de Temuco, Vol. 2, N°1, 1985. 

Dr. Rodolfo Casamiquela G., Fundación Ameghino, Viedma – Argentina. 

   La presente contribución tiene el carácter de preliminar, o más bien dicho, de una síntesis o resumen de ideas que han de ser expuestas en otro momento, con un desarrollo mucho mayor y las correspondientes citas bibliográficas que abonen los asertos. Es, no obstante, el resultado de muchos años de experiencia en el problema, en ambos lados de los Andes, y sobre ello, de preocupación expresa por la interpretación de los fenómenos sintéticamente expuestos. 
  
1.DEFINICIONES    
Mapuche. Su etimología es muy conocida (araucano mapú "tierra" y che "gente", "gente de la tierra"). Propongo que se lo utilice estrictamente con su sentido originario, es decir, para denominar al pueblo que pobló y puebla la Araucanía propiamente dicha: el valle central entre los ríos Bío-Bío y Toltén, con desbordes hacia la cordillera de la Costa y el mismo litoral marítimo, y hacia la cordillera andina. Me apresuro a aclarar o enfatizar lo del arraigo en el valle central pues el pueblo mapuche, cultivador incipiente, no fue para nada un pueblo de navegantes marinos (ni lacustres-fluviales) ni tampoco un pueblo andino. Por ende, quedan excluidos de la definición de mapuche(s) las etnías o pueblos pehuenche y huiliche (plus cuncos y otros pueblos australes auctorum), con su prolongación en la guirnalda de lagos subandinos del ámbito. De este último pueblo quedan sólo vestigios, en la actualidad, y su distinción es una de las novedades de la investigación reciente, en la que aparte del mío propio se inscribe principalmente el nombre del colega Jorge Fernández. También del lado oriental de la Cordillera estuvo presente este pueblo de indígenas navegantes, de raigambre fueguidocanoera austral, tema desarrollado por el que esto escribe en otros trabajos.

   La restricción del sentido de mapuche a la Araucanía propiamente dicha, involucra o conlleva la proposición de su abandono en la denominación no sólo de los indígenas cordilleranos, sino orientales en general ("araucanos argentino "auctorum"), de abolengo variado, pero desde luego no-mapuche. Todavía a fines del siglo pasado (cf. referencia del viajero Francisco Moreno) los indígenas neuquinos utilizaban la denominación mapuche (s) (o mapun-che) para sí mismos, pues obviamente ellos eran allí las "gentes de la tierra". Del mismo modo, hasta su extinción, hace tres lustros, los indígenas tehuelches septentrionales del Chubut, expresándose en araucano, utilizaban la fórmula mapú-zungún, "lengua de la tierra", para referirse a la tehuelche y no a la araucana.

   De lo anterior se desprenden además dos consideraciones: la primera, que también en la Araucanía es frecuente el uso de mapu-che(s) por mapu-che(s), o de mapún-zungún por mapú-zungún; la segunda, que desde que existe una denominación para la lengua (araucana), es incorrecto, con un enfoque purista, hablar de "lengua mapuche" o "del mapuche" refiriéndose a la lengua.

   Araucano. Su etimología, araucano-hispana, es igualmente conocida: deriva de rag-ko "aguada de la tierra utilizada en potería". Es un nombre culto, si se quiere, no utilizado por los indígenas araucanos o mapuche(s) para referirse a sí mismos, con excepción de ciertos "cultos" o muy aculturados.

   Pero sin embargo, a favor de la difusión de "La Araucana" primero, y de toda una literatura, esencialmente histórica después, tanto a la denominación de "araucanos" como la de "Araucanía" tiene prestigio universal. Del mismo modo que para el reemplazo últimamente propuesto de alacalufe (o variantes) por qawasqar (o variantes), su adopción implica el riesgo de la incomprensión de la mayoría de los americanistas de todo el mundo. Para este último caso yo recomiendo su utilización con la aclaración de alacalufe entre paréntesis.

   Para la utilización de mapuche, en cambio, recomiendo coherentemente el agregado de la aclaración, entre paréntesis, de "araucanos sensu stricto o propiamente dichos", es decir habitantes de la Araucanía (propiamente dicha). Lo mismo vale para "araucano" en singular, o "lo araucano".

   Pues "lo araucano" en sentido lato... es otra historia. Para mí involucra una distinción clara -aparte de lo ya expuesto- por consideraciones de un carácter más general, teórico tal vez si se prefiere.
   Quiero referirme a la “araucanización”.

   Este proceso -a cuyo carácter me referiré infra-, si enfocado temporalmente, es desde luego anterior, muy anterior, a la gestación del pueblo mapuche. Como es sabido, la tarea arqueológica descubre cada vez más relaciones entre lo que, de un modo práctico seguirle llamando aquí "molloide" (pese a las recomendaciones de los colegas chilenos para que se abandone el rótulo) por comodidad, en especial en los aspectos materiales, y la cultura mapuche histórica. Complementariamente, en tiempos históricos gravitaron en el centro de Chile otros pueblos hablantes de la lengua araucana, "araucanizados" por ende (o, "araucanos" si se prefiere en un sentido muy amplio) que para nada se sintieron mapuche(s) -como los promoucaes, etcétera. Y ahora que digo que no se sintieron mapuches... caigo en la cuenta de que el nombre Mapocho deriva claramente de mapuche..., con lo que lo que ha debido suceder es que los cronistas no recogieron sus auto-denominaciones: tal vez varios pueblos diferentes se denominaron mapu-che(s) a sí mismos, por ser las gentes de la tierra en cada sitio. Lo que no hace sino traer a Chile el ejemplo neuquino antes expuesto y reforzar la necesidad de utilizar el rótulo generalizado para denominar a todos los pueblos araucanizados. ¡Así!

   Tornando precisamente a la araucanización, es decir al proceso de araucanización, si enfocado geográficamente ahora, en tiempos estrictamente históricos trasciende o desborda el área o territorio mapuche propiamente dicho, o Araucanía sensu stricto: un ejemplo notable de esto es que la araucanización del norte de la provincia del Neuquén se produjo, sí, desde Chile... pero a partir de focos ubicados al norte del Bío-Bío, es decir no desde la Araucanía. Dicho de otro modo, no se trata de mapuchización en sentido estricto, sino de "araucanización" (en mi propio sentido).
   Es decir, resumiendo, quiero proponer:

   a) Que se reserve el nombre de mapuche(s) para los indígenas de la Araucanía propiamente dicha, definida como dije supra. Que se utilice preferentemente la denominación mapú-zungún (o mapú-dungun) para referirse a la lengua. Con la aclaración de que las variantes en mapún son perfectamente válidas.

   b) Que se utilice la denominación araucano(s) sensu stricto o propiamente dicho(s) como sinónimo de lo anterior, es decir para aludir a los mapuches propiamente dichos o a su cultura.

   c) Que se utilice la denominación o rótulo "araucano(s)" sin más, o sensu lato si se quiere enfatizar, para todos los pueblos araucanizados y su cultura.

   d) Que se utilice el rótulo de "araucanización" para el proceso que llevó a la gestación de los pueblos de cultura semejante a la mapuche, encontrados por los conquistadores en el centro de Chile y para la extensión de ella a otros, chilenos o argentinos (es decir australes, andinos y orientales). 

2. CARACTERÍSTICAS DE LA ARAUCANIZACIÓN    
   Con un enfoque temporal, o si se refiere desde el punto de vista histórico o de gestación de "lo araucano", parece que hay que remontarse a un proceso lento y de larga data, que tomaría origen inmediato en la región de Chile Chico: me refiero a la expansión de ciertas fases de la "cultura Molle", a lo largo de buena parte de la era cristiana. Los trabajos de los últimos años demuestran de manera irrefutable las analogías entre determinados aspectos materiales (como la cerámica, las pipas) de aquéllas y la cultura histórica de los mapuche(s). El pueblo mapuche no sería sino una de las formas epigonales de ese desarrollo. Esto parece claro y es crecientemente aceptado en Chile.

   Pero... en cuanto a los aspectos espirituales (amén de algunos de orden material como el tejido, los instrumentos musicales, etcétera -temas a discutir aparte)... confieso mantener muchas reservas.
En cuanto a la religión -por ejemplo-, el énfasis notable en el vulcanismo, para citar un solo rasgo, me ha hecho pensar muchas veces en una génesis andino-cercana más bien que continental o interior (y no ha de olvidarse que las influencias de la araucanización discurrieron históricamente primero de norte a sur por el valle central). Claro que puede tratarse de rasgos andinos "importados", pero... no sé por qué se me ocurre que se trata de un fenómeno local, es decir de rasgos andinos pehuenche(s), adoptados por los mapuche(s). Queda por ahora sólo como una intuición.
   Algo parecido sospecho para la lengua (mapú-zungun o araucano), aunque para este caso tengo algunos argumentos, si bien confieso que bastante débiles. El fundamental es que los conquistadores la encontraron fresca desde prácticamente Coquimbo hasta el Toltén y... en franca expansión hacia el sur, hasta el archipiélago de Chiloé. Con lo que, bien la lengua había sufrido una re-vitalización que la impulsaba a expandirse (en alas de una expansión cultural general), bien... no se trataba de la vieja lengua de tradición "molloide" sino de una nueva lengua que acababa, procedente de un norte ignoto, de advenir al ámbito, en el que se expandía hacia la época de la conquista con la fuerza de los fenómenos jóvenes. Queda igualmente abierta la cuestión.

   En cuanto a las características de la araucanización en tiempos estrictamente históricos, es decir el oriente de los Andes (y antes a la Cordillera, desde luego) y el sur del Toltén, vayan sólo dos palabras con respecto a su esencia, a lo diferencial con respecto a otros proceso de aculturación (y/o dominación) o por lo menos con respecto a la imagen que tenemos (que se nos ha enseñado) de las características de tales procesos.

   Quiero que quede claro, explícitamente aseverado, que la araucanización al oriente de los Andes precedió en más de un siglo a la presencia física de los mapuche(s) en suelo oriental. Dicho de otro modo: que la lengua araucana se hablaba ya en la provincia de Buenos Aires a comienzos del siglo XVIII (los primeros topónimos datan de mediados de ese siglo, si no de antes), siendo que los mapuche(s) o araucanos propiamente dichos sólo habrían de instalarse tímidamente en ella exactamente un siglo después: cuando las guerras intestinas de la Araucanía, derivadas de los enfrentamientos entre patriotas o criollos y realistas, obligaron a pasar la Cordillera a determinados grupos de indígenas (tema bien desarrollado por Guevara).

   Complementariamente, que los pocos indígenas mapuche(s) que se internaron en las pampas del oriente, (y no hablo de la Patagonia porque prácticamente no hubo mapuche(s) nunca al sur del río Limay, o Patagonia en sentido restringido, con exclusión de Neuquén, que es la obligada cabecera de puente de la araucanización) involucionaron -si cabe el término- en su cultura para adaptarse a aquella de los pueblos comarcanos: la caza, ciertamente ya ecuestre, y el pastoreo, igualmente nómada, con su complemento del uso del toldo de cueto, la boleadora y otros elementos. Mientras el resto, es decir estos pueblos comarcanos, o indígenas del territorio oriental, de raigambre esencialmente cazadora, como he dicho, continuaban siendo los dueños de la tierra y continuaban en su cultura material básica -aunque con lentas y progresivas concesiones: la lengua primero, la onomástica (y toponimia) a partir de su adopción; la religión después. Etcétera. En lo material, el tejido, la platería, y, también, un largo etcétera.

   En fin, estas mismas consideraciones valen para los indígenas cordilleranos (los pehuenches siguieron siendo recolectores de piñones, nunca verdaderos cultivadores) y australes. Un ejemplo impresionante es el de los chonos, pueblo de navegantes que prácticamente retuvo su cultura básica (de recolectores y cazadores nómadas de canoa), a partir de la dalca o canoa desarmable, a contrapelo de la araucanización.
   Para estos ejemplos, estos casos en que la cultura (y luego la sangre) transita a través de pueblos (intermedios) prefiero reservar personalmente el rótulo de transculturación.

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